Porque en la gestoría vemos todos los días lo que cuesta recuperar algo que quedó a nombre de otro: una partida, un poder, una propiedad. Con los sitios web pasa lo mismo y casi nadie lo revisa hasta que es tarde.
Es frecuente que una agencia o un conocido registre el dominio a su nombre "para simplificar". Mientras la relación es buena no se nota. Cuando la persona desaparece, cierra la empresa o hay una diferencia de precio, el negocio descubre que su nombre en internet, su correo y sus clientes dependen de alguien que ya no atiende.
También pasa con las redes: una cuenta de Instagram con años de trabajo se puede cerrar por un reclamo automático, y no hay a quién reclamar. Un dominio propio no se cierra por un algoritmo.
Por eso tratamos cada sitio como un trámite: identificamos al titular, registramos a su nombre, entregamos los comprobantes y los accesos, y dejamos todo por escrito. Es más trabajo para nosotros y es la razón por la que podés confiar.